domingo, 3 de mayo de 2009

Columna - Causa común.

Apenas anochecía,mi abuelo recorría la casa con un pequeño tubo de ensayo en la mano derecha y su linterna en la izquierda, tratando de atrapar a los mosquitos con ciertas características, y luego los encerraba taponando el recipiente con el pequeño corcho. Cada cierto tiempo, los funcionarios de Senepa iban a retirar los tubos cargados de mosquitos y dejaban otros vacíos, para que el “atrapador” ad hororen continúe con su trabajo.
El se dedicaba a esta tarea y mi abuela estiraba los mosquiteros de tul sobre las camas colocadas en el patio, mientras mis primos y yo contábamos las estrellas y la luna se miraba en las aguas del río. En aquellos tiempos, y allá por los hermosos parajes del bajo Chaco, además de hacer humo con bosta y hojas de eucaliptus, esas eran las dos maneras de cuidarse de los mosquitos que no sólo molestaban con sus picaduras, sino que podían contagiar ciertas enfermedades.
Hoy, las formas de controlar la presencia de los bichos y cuidarse de ellos, han cambiado. La gente compra repelentes y dejó de usar los mosquiteros, incluso en el Chaco profundo donde el tul se reemplazaba por tejidos Pilar mucho más gruesos, para impedir el paso de los mosquitos, mbutús, mbariguís, polvorines, vinchucas, carachás y otros especìmenes que gustan de sangre humana.
Las costumbres fueron cambiando pero ciertos insectos y las enfermedades que transmiten, vuelven a aparecer y cada vez se acercan más a las zonas urbanas. Muchos de estos problemas actuales se deben a la acción del hombre mismo, que depreda los bosques, echando fuera de su hábitad a los animales , que migran hacia las ciudades, llevando consigo sus peligros.
Pero no sólo se han perdido ciertas costumbres antiguas que daban mayor seguridad, como mosquiteros o telas metálicas en las ventanas, sino que se acrecientan los reservorios para los insectos en la inmensa cantidad de basura y objetos inservibles que la gente acumula en sus patios. Somos tan apegados a no deshacernos de cosas inútiles, que los vamos juntando uno tras otros, construyendo hoteles de cinco estrellas para los mosquitos, y por qué no, moscas y ratas.
Si no hacemos causa común, serà imposible librarse de los mosquitos, porque si en una cuadra hay tres familias que mantienen limpios sus espacios abiertos, hay otras siete que tienen criaderos en sus basuras acumuladas y yuyales. Entonces no habrá fumigaciones, vacunas, repelentes o mosquiteros que puedan salvarnos.

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