jueves, 24 de marzo de 2011

Relatos sueltos -Ese olor a humedad



(de "Fuego que no se apaga-Relatos de amor y desamor)



El olor a humedad no me deja respirar.

Aspiro el olor que penetra muy hondo, sube por mis fosas nasales y se adentra, instalándose en el interior de mi cabeza. Entonces siento una tristeza tan profunda que no puedo reprimir las lágrimas. Luego veo las mismas paredes manchadas, interminables. Y lloro, lloro largo, en silencio, hasta quedar extenuada.


Lo siento una y otra vez.

Es de mañana, es de noche, es de siesta… no sueño, lo siento, lo vivo. No tengo los ojos cerrados, sino abiertos. Pasan años y veo siempre lo mismo. ¿Sueño despierta?. No, en apariencia, tengo un recuerdo.


Acostada en un diván, le cuento el episodio al especialista.

Me mira, me escucha, anota en un cuaderno algunos datos. Mis relatos se van convirtiendo en un rompecabezas que trata de unir, para ayudarme a salir de la angustia que me genera cada vez que me asaltan esas visiones.


Son memorias de otra vida, me dice una amiga.

Ella no tiene bola de cristal ni poderes adivinatorios, sino la capacidad de ver, según ella, cuando algo te ha marcado en otra vida. Para ella es sólo un dèja vu, algo ya visto, ya vivido.


Vuelvo a oler la humedad.

Veo una pared mojada, manchada, terrosa, vieja.. no puedo respirar, lloro despacito, me aprieto la garganta, trato de tomar aire, me pica la nariz, el dolor se agiganta en mi pecho, sufro sin tener motivos. Sufro en apariencia por nada.


Entonces, por primera vez, cierro los ojos y vuelvo a ver el mismo lugar y a sentir la misma humedad, y a ver un cuerpo en un sarcófago de ébano, con túnica de seda e hilos de oro, durmiendo plácido y eterno.


Hay flores secas a su lado, hay perfumes, imágenes doradas… hay una mujer, acuclillada en un rincón.

Ella llora despacio, no puede respirar… está atrapada en esa tumba, acompañando en la eternidad al hombre que había amado, desde niña.


Cuando extenuado, el cuerpo de ella murió, su alma abandonó la cripta. Pero no pudo en siglos, dejar atrás la memoria de ese duelo, de esas paredes tapiadas, de ese eterno olor a humedad …

martes, 22 de marzo de 2011

Opiniòn- Cuando el agua avanza hacia las casitas





(Publicado en La Nación, el 21.03.2011)
Doña Gregoria dice que el agua sube muy rápido. Ella vive a dos cuadras del río Paraguay, en una población donde cada año, las casitas son alcanzadas por las aguas, y deben subir hacia lugares más altos, improvisando algún rancho hecho con palos y paredes de hule negro. Parece una imagen de antaño, pero es muy actual: las crecidas son constantes, y la pobreza también.


He visto avanzar el agua, la semana pasada, desde una de las ventanas de un sanatorio edificado cerca del río. Llegará hasta esos depósitos, dijo alguien que conoce la zona. Si lo hace, las pérdidas materiales también serán importantes para los empresarios, dueños de dichos inmuebles. Cuando escucho hablar de crecidas, me viene a la mente una imagen que atesoro en el recuerdo. La noche anterior, el agua estaba a metros de nuestra casita, en el puerto de Villa Hayes. Mis abuelos habían empezado a empacar las cosas para trasladarlas a otra casa que tenían en el pueblo, por si el agua continuaba subiendo. A media mañana, me despertó mi abuela con su saludo cariñoso, “jaha che mamita corazón”. Cuando miro enrededor, veo agua por todas partes y a mi camita, convertida en un salvavidas. Desde las primeras horas del amanecer, mi abuelo había estado mudando nuestras pertenencias en varias idas y vueltas, con su canoa. En ese último viaje le tocaba llenarnos a las dos. Cargando lo poco que quedaba por mudar, nos fuimos los tres y Rompe, el perro de mi tío. Aquella vez esperaríamos bastante tiempo para regresar. El éxodo durante las crecidas, es una constante en los pueblos costeros del Paraguay, aún cuarenta años después de este relato que les cuento, porque el río milenario sigue su curso de agote y desagote y los humildes siguen también su vida bicentenaria de necesidades. Algunos podrán decir: que se vayan a vivir a otro lugar, pero en esos casos quizás el remedio sea peor que la enfermedad, porque tal vez tengan su sustento cerca del río, o bien ya han instalado allí su querencia y no hay manera de que consigan otro sitio donde trasladarlo, para que les resulte beneficioso. A no ser que haya un buen plan de reubicación del gobierno. Los pobladores ribereños de Asunción, también sufren cuando sus casitas quedan bajo agua, y deben subir hacia las calles de la ciudad para instalarse como sea. Sin embargo, al parecer la Municipalidad de la capital empieza un plan de reubicación de los pobladores afectados, lo cual sería acertado y positivo para todos: para los ribereños y para quienes necesitan los espacios de la ciudad para transitar. En los últimos años, la Municipalidad de Villa Hayes también ha echado mano de sus espacios para dar cabida a los afectados, que en esa zona del bajo Chaco suele ser bastante grave, porque no sólo crece el Río Paraguay, sino también el Confuso, llegando a inundar grandes espacios y perjudicando a mucha gente. Con un buen plan de emergencia en cada municipio, donde se levantan las comunidades costeras, se puede lograr que estos desajustes de la naturaleza no se conviertan en una catástrofe para las familias afectadas.

viernes, 18 de marzo de 2011

Un rayo de luz -Kenzaburo Oè



El diario El pais, de España, publicò esta entrevista con el gran escritor japonès Kenzaburo Oè. Leerlo es tomar una lección de vida y rectitud.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Japon/ha/entrado/nueva/era/elpepiint/20110318elpepiint_8/Tes

martes, 15 de marzo de 2011

Opiniòn - Si te caes una vez...



( Publicado en La Nación, el 14.03.2011)


La aguas han inundado mi alma”, se llama la obra que Kemzaburo Oè, escribiò luego del nacimiento de su hijo con retraso mental. Ademàs de plantear el duro momento que un padre sobrelleva con una experiencia similar, el libro lo ayudò a crecer como escritor y como persona. Hoy, su muchacho es un gran mùsico y Oè ha comentado con làgrimas en los ojos, lo orgulloso que se siente de su progreso.

Esta experiencia del gran escritor japonès, ganador de un Premio Nobel de Literatura, pinta el espíritu de sus compatriotas, quienes a travès de los siglos han ido sorteando todo tipo de calamidades, de las cuales salieron lastimados pero airosos, con tesòn y disciplina.

El pavoroso terromoto y posterior tsunami que enluteció a Japòn, es otra prueba terrible de todo lo que este pueblo puede soportar. Alguien dijo alguna vez que Dios no te manda ninguna carga que no seas capaz de aguantar, y quizàs èl sabe cuànto dolor y destrucción podìan aun sobrellevar nuestros hermanos nipones. Los expertos dicen que ningùn otro pais estaba preparado como para soportar semejante onda destructiva, que hubiera hecho desaparecer a poblaciones enteras, si ocurrìa en otro lugar.

Pensando en la magnitud del desastre, sòlo los japones, con su disciplina, su preparación y su nivel de prevención, tuvieron menos pèrdidas humanas de lo que se podrìa esperar. Y, seguramente, en poco tiempo, volveràn a levantarse, aùn de las cenizas, una vez màs. En estos dìas, un presentador de CNN en español, hablaba de la màxima asiàtica, que dice: si te caes una vez, debes estar preparado para levantarte siete veces.

Los japones ya han soportado cientos de caidas y se han vuelto a levantar: Hiroshima y Nagazaki son quizàs las màs dolorosas y con los efectos negativos màs expansivos y terribles. Luego estàn las catàstrofes de la naturaleza, que los han ido golpeando año tras año, de manera mas leve o màs violenta, pero mantenièndolos en vilo y en alerta, siempre.

Los nipones han generado toda una suerte de defensa fìsica (casas antimìsmicas, refugios, ropas especiales, etc) y emocional (mantener la calma, el orden, no entrar en pànico, etc.), esperando el gran cataclismo que pusiera a prueba todo sus sistema de prevención. Dios quiera que este haya sido la peor caida y que nunca màs Japòn vuelva a ser sacudido por semejante furia de la naturaleza.

Desde Paraguay, les lleguen las oraciones para que se aplaque la ira de este planeta que està devolviendo los golpes que recibe a diario, y ahora les ha tocado a los japoneses, como ayer le tocò a los habitantes de Haitì, de Chile y de otros paises.



lunes, 7 de marzo de 2011

Opinión - Si Piñera fuese paraguayo!




(Publicado en La Nación, el 7.03.2011)



Cómo me hubiera gustado quedarme seis meses con cada uno de mis bebés, pero la realidad paraguaya te hace volver al trabajo a los tres meses, con suerte.

Hace días, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció que las mujeres chilenas tendrán un descanso posnatal de seis meses, en el futuro. “Tengo la tremenda alegría de anunciar que durante el mes de marzo enviaré al Congreso el proyecto de ley para cumplir con aquella promesa”, afirmó Piñera durante un acto celebrado en el Palacio de La Moneda.

La iniciativa aumenta desde las actuales 12 semanas a 24 el periodo de descanso posnatal, tanto para madres biológicas como adoptivas, y se espera que beneficie a unas 700 mil mujeres del país transandino. Las madres podrán traspasar hasta dos semanas del prenatal al posnatal, y además, recibirán un subsidio estatal que cubrirá su remuneración (unos 1.380 dólares).

¡Qué envidia sana! Si me permiten rememorar, luego de nacer mi primera hija, volví al trabajo a los 26 días, porque era época de mucho trabajo y mis jefes me recompensaron con un pago extra, pero tuve que peregrinar varias veces hasta las oficinas del Instituto de Previsión Social para cobrar el 50% que me correspondía de mi salario. Ese desprendimiento temprano de mi niña me implicó una gran angustia y mucho sacrificio físico, porque debía tomar ocho colectivos diarios para volver a casa de siesta y darle de mamar. Tuve la suerte de que la cuidara mi madre, pero el precio de la separación temprana es siempre muy alto, para madre e hija.

Con mi segunda hija pasó algo parecido, me quedé más tiempo en casa con la tercera y recién con el cuarto hijo pude disfrutar del tiempo tope de mi permiso, pudiendo encargarme personalmente de su cuidado.

Las mujeres paraguayas pueden contar miles de historias de sacrificio para llevar a buen término un embarazo y trabajar fuera de la casa o cuidar de sus bebés recién nacidos y cumplir con sus labores, porque el desamparo legal es terrible, y la necesidad de ingresar dinero a la casa es vital. Incluso, como muchas son jefas de hogar, dependen de sus ganancias.

Eso sin contar con los cientos de casos en que muchas mujeres embarazadas son despedidas de sus trabajos porque no están casadas (ha ocurrido en colegios católicos de alcurnia) o porque significan una mano de obra más lenta debido a su estado y no quieren desprenderse de la “esclava” durante los tres meses siguientes al parto. La crueldad practicada con muchísimas madres es absolutamente incomprensible e inadmisible. Como si algunos empresarios hubieran sido concebidos por coliflores y no por mujeres.

En cuanto a lo que hay que hacer para conseguir los permisos para dar de mamar o llevar a los hijos al pediatra, merece otro capítulo, y ni qué decir cuando los niños crecen y requieren de la presencia materna para las reuniones de padres o las presentaciones artísticas en sus escuelas.

Vamos a empezar a hacerles justicia a las madres más vulnerables de este país”, dijo Piñera, para quien Chile debe ser “un país donde tener hijos no sea un impedimento para trabajar y trabajar no impida tener hijos”.

A puertas del Día Internacional de la Mujer, soñemos con que los gobernantes paraguayos lo imiten, en un futuro no lejano.

viernes, 4 de marzo de 2011

Relatos sueltos- Don Segundo



De "El peldaño gris"


No importaban el sol, la lluvia o las olas bravas en los días de tormenta. Incluso, muchas veces no importaron sus achaques si se trataba de hacerle un favor a alguien más enfermo que él, que precisaba con urgencia pasar al otro lado del río. Para don Segundo, fueron un verdadero placer los casi treinta años trabajando de pasero, haciendo pasar gente desde Villa Hayes hacia Piquete Cué o saliendo al paso de los barcos o lanchas que venían del norte y traían pasajeros.

Por aquella época no existía aún el puente sobre el río, en Remanso, entonces el cruce del río Paraguay se hacía por balsa y por canoa. Las balsas “ Villa Florida” y “Villa Hayes” hacían pasar de una orilla a otra los automóviles, transganados y los colectivos de pasajeros. Pero para esto cumplían un horario que se prolongaba sólo hasta las ocho de la noche,; entonces, si de pronto alguien llegaba hasta el puerto de Villa Hayes y necesitaba pasar al otro lado esa misma noche, pagaba su tarifa y el pasero, desafiando el sueño o el frío, cruzaba hacia Piquete Cué para “llamar “ a la balsa, que “dormía” allí hasta su primera salida a las cinco de la mañana, y ésta, cobrando una tarifa especial, venía a buscar al pasajero que a veces era un estanciero, un militar, o un transganado repleto de vacas mugientes.

Muchas veces llovía y había tormenta, pero él, sin inmutarse, tomaba su largo capote, sus dos remos y partía contento a cumplir su misión. Generalmente la balsa llegaba antes de que él volviera. Más de una vez tuvo algún percance por el camino, pero siempre sorteó todas las dificultades y regresó a casa.

Conocía todos los recovecos del río y sus misterios, amaba y cuidaba de sus canoas como si fueran personas: Sirena, Campeón y Halcón siempre estaban bien pintadas, limpias y desaguadas para que el agua no estropeara los maderos o el calafate. De tanto en tanto las sacaba a la orilla y panza para arriba eran reparadas por completo; un trozo de tabla aquí, estopa y bleque allá, para que quedara como nueva. Y con asientos anchos para que los pasajeros viajaran cómodos. Los remos estaban siempre lisos y parejos, pero más tarde fueron reemplazados por un motor fuera de borda que le ahorró el esfuerzo de los últimos años.

Sus ochenta y pico de años parecían cincuenta por su vitalidad y su elegancia. En su físico sobresalían sus hermosos ojos verdes y en su personalidad, su amabilidad. Ser un pasajero en su canoa era un verdadero placer porque siempre tenía una conversación amena y la palabra justa para todos los momentos. Además del río con sus ruidos y sus silencios, cultivó la amistad de seres de todo tipo.

En la orilla del río, amarraba sus tres canoas a pilotes fabricados con troncos de diferentes árboles. Si el tiempo estaba inestable, él se levantaba una y otra vez a verificar que no se hubieran soltado las amarras o que las canoas no chocaran entre sí agitadas por el viento.

Cierta vez, fabricó sus pilotes del fino tronco de un sauce llorón que había traído de la isla San Francisco. Y ocurrió el dulce milagro de que el tronco sin raíz, convertido en un largo palo hundido en la orilla, metida en el agua en la zona plana donde atracaba sus canoas, echó brotes verdes. Decenas de hojitas verdes fueron poblando día a día el flaco tronco de aquel sauce dormido.

jueves, 3 de marzo de 2011

Relatos sueltos - Carta para Narita



De "Dicen que tengo que amarte"


Tu cara era redonda como un sol, cuando naciste. Lo recuerdo bien porque ya tenía ocho años. Nos fuimos al hospital con papá, los dos nerviosos y felices porque ya estabas por llegar. Mamá se había internado a la mañana temprano para esperar los dolores de parto en un lugar seguro, porque era bastante miedosa y tenía muy poca resistencia al dolor.

Naciste a las dos y media de la tarde, y todos nos pusimos muy felices. Cuando me dijeron que eras una nena, mi alegría fue inmensa, porque me sentía muy sola en casa y no tenía con quien jugar. Quizás, papá esperaba un varón, pero se puso muy contento con la noticia. Te pusieron Nara, porque se conocieron en una ciudad del Japón que se llama así, cuando estaban becados, estudiando. A mí me llamaron Alicia, como mamá.

Al día siguiente, la alegría dio paso a la tristeza y yo no entendí por qué. Mamá volvió a casa contigo, pero se pasaba las horas llorando. Pregunté si estabas enferma, pero me dijeron que no. Ibas y venías al pediatra con mamá, una y otra vez, durante meses. Tardaste en caminar, en hablar... pero sonreías siempre, y comías mucho, tanto que a los diez meses era casi imposible alzarte en brazos.

Un año después entendí que eras especial. Que las palabras tardarían en salir de tus labios, que tu sonrisa de niña sería eterna, que caminar te costaría más que a otros niños, que vivir a tu lado sería una aventura para todos. No se quien de los dos fue el más fuerte, si ella o él, pero escuché sus discusiones durante noches interninables, e incluso varios portazos de papá en plena madrugada. Una vez, me levanté para ir al colegio, y él estaba en la hamaca del jardín, donde había amanecido con los ojos abiertos.

Fue mi madrina, quien les convenció de que fueran a una charla para padres de niños con ciertas discapacidades. Les hizo bien, creo que les ayudó a aceptar su realidad, y empezaron a verte con otros ojos. Entonces, la vida fue más fácil para todos. Cuando cumpliste cuatro años, mamá estaba esperando otro hijo. Llegaron dos, Juan Pablo y Juan Ignacio y papá casi murió de la emoción. Vos y yo la ayudamos a mamá a cuidarlos, porque eran muy inquietos, vos les atajabas las piernitas, mientras yo trataba de ponerles los pañales. Más de una vez, uno de ellos nos orinó en la cara, en pleno trajín, y nos hemos destornillado de la risa, juntas.

Crecimos felices, Narita. Claro, yo siempre fuí un poco la mamita de ustedes, porque mamá tenía mucho trabajo en casa y en su oficina, entonces yo le ayudaba a Cornelia, para que no se acerquen a la cocina o no se lastimen, porque entre los mellizos y vos, la casa era un torbellino. Por la noches era una fiesta, porque nos reuníamos todos en la mesa para atacar la cena, como caníbales y papá traía helados y golosinas y nos embadurnábamos las caras y las manos.

Ahora, los mellizos ya están grandes y dan menos trabajo. Y vos estás aprendiendo a leer, despacito, pero estás aprendiendo. Tu profesora dice que tenés una inteligencia extraordinaria, y que antes de los quince, vas a poder leer bastante bien. Siempre me preguntás si te quiero, con esa sonrisa enorme que te marca toda la cara, y yo te digo que sí.¿Cómo? preguntás, y te digo que como tres mil cielos. Todos te queremos Narita, tres mil cielos por tres mil tierras multiplicado por tres mil mares. Mamá, papá, los mellizos y yo, también los abuelos y los perros. Todos.

Te voy a dejar esta carta, entre las hojas de tu agenda Pascualina. Mañana me voy de viaje, voy a estar lejos durante cuatro años, y durante ese tiempo voy a estudiar, y cuando vuelva, vamos a seguir jugando y leyendo juntas. No tengas miedo, Narita, cuando papá y mamá ya no estén, yo te voy a seguir cuidando.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Poema de Gladys Carmagnola- Nostalgia

¿Por què este aroma que me trae el viento

me inunda de nostalgia, de recuerdos?

(Pètalo azul,

agua,

ternura,

cielo...)

Aquel amor

¿fue amor?

¿Ha sido todo cierto?

Este aroma que vive desde entonces

¿es autèntico?


Biografìa

Gladys Carmagnola es una poeta y docente paraguaya. Es una de las escritoras más conocidas de Paraguay, su obra está dedicada a un público muy amplio, comprendiendo obras para niños y adultos.

Nació en Guarambaré, (su querido "Territorio esmeralda") , el 2 de enero de 1939, hija de Ramona Herrera Udrizar y Carlos Carmagnola, descendiente de italianos.

Gladys compartió su infancia con sus hermanos Carlos, el mayor, Haydée y Selva.

Ya en la adolescencia manifestó una inclinación y talento natural hacia la poesía.

Desde muy joven se dedicó a la docencia, desarrollando en forma simultánea su vocación poética.

Su trayectoria

Es cofundadora y miembro de la Sociedad de Escritores del Paraguay. También tuvo participación en la fundación de la agrupación de Escritoras Paraguayas Asociadas y del Pen Club del Paraguay.

Forma parte de una generación de mujeres paraguayas que, a inicios de la década de los años 1960, dieron a conocer su producción literaria, ocupando un espacio muy importante en la literatura paraguaya.

Sus primeros pasos en la producción poética, estaban dirigidos hacia el público infantil. De esa época datan sus primeras publicaciones de poesías para niños. Su primera obra: “Ojitos negros”, fue lanzada en abril de 1965.

Además de sus tantos libros publicados, varios de sus poemas han sido incluidos en antologías y publicaciones literarias, tanto de su país como de otras naciones extranjeras.

Gladys es contemporánea de un prodigioso grupo de escritores que marcaron una nueva tendencia y una etapa en la literatura del Paraguay. Entre ellos están: Eloy Fariña Núñez, Hérib Campos Cervera, Josefina Plá, Óscar Ferreiro, Elvio Romero, José Luis Appleyard, Ramiro Domínguez, José María Gómez Sanjurjo, Rubén Bareiro Saguier, Carlos Villagra Marsal, Jacobo Rauskin, Miguel Ángel Fernández, Rosario Cáceres Huispe, Emilio Pérez Chaves, Susy Delgado y Mario Casartelli, entre otros.

Obras

Su primera publicación data del año 1965, a partir de allí, se ha dedicado enteramente a la producción de obras poéticas, completando en total 20 títulos de su autoría.

Obras de Poesía Infantil

Ojitos negros,

Navidad,

Piolín.( Obra infantil que en su primera edición fue presentada por Josefina Plá),

Lunas de harina,

Paseo - ¿Al zoo -¡Lógico! (Paseo al zoológico).

Año Obras de Poesías para adultos

Lazo esencial,

A la intemperie (Obra en la que reúne algunos de sus primeros poemas de inicios de la década de los 60’),

Igual que en las capueras( Distinguida con el Premio de Poesía "José María Heredia" de la Asociación de Críticos de Arte de Miami, Estados Unidos),

Depositaria infiel (Poemario ganador del Premio (único) de Poesía del Instituto Cultural Paraguayo-Alemán),

Territorio esmeralda,

Río blanco y antiguo.