lunes, 7 de marzo de 2011

Opinión - Si Piñera fuese paraguayo!




(Publicado en La Nación, el 7.03.2011)



Cómo me hubiera gustado quedarme seis meses con cada uno de mis bebés, pero la realidad paraguaya te hace volver al trabajo a los tres meses, con suerte.

Hace días, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció que las mujeres chilenas tendrán un descanso posnatal de seis meses, en el futuro. “Tengo la tremenda alegría de anunciar que durante el mes de marzo enviaré al Congreso el proyecto de ley para cumplir con aquella promesa”, afirmó Piñera durante un acto celebrado en el Palacio de La Moneda.

La iniciativa aumenta desde las actuales 12 semanas a 24 el periodo de descanso posnatal, tanto para madres biológicas como adoptivas, y se espera que beneficie a unas 700 mil mujeres del país transandino. Las madres podrán traspasar hasta dos semanas del prenatal al posnatal, y además, recibirán un subsidio estatal que cubrirá su remuneración (unos 1.380 dólares).

¡Qué envidia sana! Si me permiten rememorar, luego de nacer mi primera hija, volví al trabajo a los 26 días, porque era época de mucho trabajo y mis jefes me recompensaron con un pago extra, pero tuve que peregrinar varias veces hasta las oficinas del Instituto de Previsión Social para cobrar el 50% que me correspondía de mi salario. Ese desprendimiento temprano de mi niña me implicó una gran angustia y mucho sacrificio físico, porque debía tomar ocho colectivos diarios para volver a casa de siesta y darle de mamar. Tuve la suerte de que la cuidara mi madre, pero el precio de la separación temprana es siempre muy alto, para madre e hija.

Con mi segunda hija pasó algo parecido, me quedé más tiempo en casa con la tercera y recién con el cuarto hijo pude disfrutar del tiempo tope de mi permiso, pudiendo encargarme personalmente de su cuidado.

Las mujeres paraguayas pueden contar miles de historias de sacrificio para llevar a buen término un embarazo y trabajar fuera de la casa o cuidar de sus bebés recién nacidos y cumplir con sus labores, porque el desamparo legal es terrible, y la necesidad de ingresar dinero a la casa es vital. Incluso, como muchas son jefas de hogar, dependen de sus ganancias.

Eso sin contar con los cientos de casos en que muchas mujeres embarazadas son despedidas de sus trabajos porque no están casadas (ha ocurrido en colegios católicos de alcurnia) o porque significan una mano de obra más lenta debido a su estado y no quieren desprenderse de la “esclava” durante los tres meses siguientes al parto. La crueldad practicada con muchísimas madres es absolutamente incomprensible e inadmisible. Como si algunos empresarios hubieran sido concebidos por coliflores y no por mujeres.

En cuanto a lo que hay que hacer para conseguir los permisos para dar de mamar o llevar a los hijos al pediatra, merece otro capítulo, y ni qué decir cuando los niños crecen y requieren de la presencia materna para las reuniones de padres o las presentaciones artísticas en sus escuelas.

Vamos a empezar a hacerles justicia a las madres más vulnerables de este país”, dijo Piñera, para quien Chile debe ser “un país donde tener hijos no sea un impedimento para trabajar y trabajar no impida tener hijos”.

A puertas del Día Internacional de la Mujer, soñemos con que los gobernantes paraguayos lo imiten, en un futuro no lejano.

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