viernes, 29 de julio de 2011

Opiniòn- La roca en medio de la tormenta


(Publicado en La Nación, el 28.07.2011)

Con sentimientos divididos, una de mis hijas ultima los detalles para asistir a un retiro espiritual, que forma parte de la preparatoria para recibir la Confirmación en meses más.

Por un lado está feliz, porque en estas reuniones, además de hacer cercano el descubrimiento de un camino de luz, se comparte con los amigos que se logran en los años de catequesis, y el resultado de la experiencia siempre es sumamente positivo.

Pero, por otro lado, como el encuentro coincide con el Día de la Amistad, se verá obligada a estar alejada de sus otros amigos, con quienes no podrá compartir y tampoco mantener contacto a través de celulares o internet.

Intenté animarla para que asista con las mismas ganas con que fue el año anterior, y le dije que se alegrará porque pasará el día con ese amigo que nunca falla: Jesús.

Lo mismo había afirmado una de las catequistas cuando intentaron cambiar las fechas del retiro con sus compañeros. Entonces le traje a colación una frase bíblica que había recortado años atrás de una revista: “Jesús es mi roca en medio de la tormenta”.

Creo que tenía una edad parecida a la de ella cuando hice mía esa pequeña oración que fue mi salvavidas en medio de tempestades. He podido visualizar una enorme piedra en medio de la inmensidad del mar y de la tempestad; la misma ha sido golpeada por las olas que nunca lograron desalojarme, a pesar de sus embistes. Han pasado largos años y mi roca sigue allí, para guarecerme.

Si bien mi argumento no terminó de convencerla, aunque sé que Cristo es uno de sus grandes amigos, estoy segura de que al volver a casa, luego de los tres días de ese encuentro, valorará mucho más esa amistad y entenderá que siempre podrá contar con él.

Como mi niña-mujer, espero que los jóvenes del Paraguay y del mundo puedan descubrir en el Hijo del Hombre a ese ser al que puedan recurrir en las alegrías y en las tristezas. Con Él será posible encontrar cobijo y abrigo, consuelo y alegría, y un horizonte amable y esperanza.

En su presencia, hasta la soledad más intensa se poblará de tibieza.