martes, 19 de junio de 2018

Entrevista a Mirta Roa Mascheroni


Paraguay necesita héroes civiles,
la gente necesita creer en sí misma”

La hija del célebre escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, compiló fotos y materiales invaluables, plasmados en un material gráfico.



Como corolario al año del centenario de Augusto Roa Bastos, se presentó en la Feria Internacional del Libro de Asunción 2018, el libro-álbum “Augusto Roa Bastos, El Supremo escritor”, compilado por su hija Mirta Roa Mascheroni y editado por el Centro Cultural de la República El Cabildo del Congreso de la Nación, bajo el sello de Servilibro.

De exquisita presentación, el material contiene fotos, miradas sobre su obra, apuntes y verdaderas reliquias para los admiradores del Premio Cervantes, como las cartas enviadas a sus padres, a otras personalidades como Josefina Pla, y a sus hijos, entre otros destinatarios.

-¿Cómo nace la idea de completar la reedición de sus obras, con este álbum final tan logrado?

-La verdad que aún no hemos terminado de reeditar sus obras, y faltan las inéditas. Este libro es el cierre del año del centenario natal de Roa. Este centenario que se crea por Ley del Congreso de la Nación y que lidera Margarita Morselli, como secretaria ejecutiva y gran motor de las actividades que se realizaron, durante todo el año pasado, en el país y en el exterior, con grandes repercusiones en todos lados, y aún todavía siguen pidiendo que le llevemos la maleta Roa a muchos lugares.

Sobre la obra inédita, quedará para el próximo año, poesía y cuentos inéditos.

Como te decía el libro “Augusto Roa Bastos, el Supremo escritor”, es un libro del Cabildo, en la colección Creadores del Bicentenario, que es creada y dirigida artísticamente por Margarita Morselli, y en la cual ya han aparecido varios músicos, artistas plásticos y escritores. Esta vez Margarita me encarga que escriba sobre Roa y yo aporto las fotos, los documentos, las memorias.

-Como hija, ¿tenías necesidad de contar algunas cosas?

-Sí, quiero que se conozca al Roa joven, padre, al que se le muere un hijo, al que tiene que luchar por sostener su hogar. Un Roa de verdad que aún no tiene fama. Que los jóvenes sientan ánimo al conocer su vida. Que sea motivador. Además quiero sensibilizar a quienes pueden hacerlo, de la importancia que tiene todo el material que tenemos y que debería estar en un museo, bien cuidado y resguardado.

-Si ponés en la balanza lo bueno y lo malo de haber tenido un padre tan célebre, ¿qué pesa más?

-Lo bueno, pero no por la fama, sino porque hemos recibido mucho a pesar de las lejanías, porque he aprendido mucho al estar cerca de un genio y verlo humilde o luchando por serlo y no caer en la soberbia. Realmente es un privilegio, que uno no termina de entender hasta que hay tiempo de por medio. Cuando eres pequeño, solo quieres que tu padre esté cerca, te mime y proteja. Luego, logras entender que es una personalidad y un valor del mundo y que tuviste la suerte de tenerlo, pero que le pertenece a la humanidad, por su obra, por su espíritu, por su palabra contra la injusticia, contra la discriminación, contra la incesante tala de nuestras selvas. A favor de la democracia, del derecho de todos, del respeto por la mujer, por el medio ambiente, por la libertad.

-¿Llegaste a disculparle las ausencias, las tristezas?

-No se trata de disculpar, sino de entender. Entendí, comprendí. Sobre todo leyendo sus cartas, en una por ejemplo, se acusa de causarle penas a la gente que quiere, y siente que su vida está llena de errores, que él mismo es un gran error. Su lucha por sobrevivir a las culpas y la soledad es constante. Con él no sirven las medias tintas, o estás con él en cuerpo y alma o no puedes vivir la magnitud de su vida.

-Mirando hacia atrás, ¿querrías que todo fuera como ha sido? ¿Qué te gustaría cambiar?

-Mi nivel de exigencia, he sido demasiado respetuosa con él y por esa causa me he perdido muchos momentos importantes. Por no invadir, por no inmiscuirme, por no grabarlo o fotografiarlo, por no insistir con las preguntas, y exigir las respuestas, me ha costado mucho más llegar a este estado de paz que es mi relación con él.

-¿Qué significa para vos seguir llevando en alto su bandera?

-Un deber, Paraguay necesita héroes civiles de valor, la gente necesita creer en sí mismo, la mujer necesita convencerse de su valor para poder situarse en el lugar que le corresponde.

Yo he querido ser maestra de frontera, estar en los grupos de ayuda humanitaria, tal vez hice eso a escala pequeña, pero esto me da la oportunidad de hacer algo por este país, que como me decía papá en una carta del 56, es un país que necesita del cariño de sus hijos, un país que ha sufrido mucho. Si bien he amado los sitios donde he vivido, 30 años en Buenos Aires y 30 en Caracas, no puedo negar que Paraguay ha estado siempre en el centro de mi sentimiento patrio. Desde pequeña nos acostumbraron a pensar en Paraguay como nuestro país, por razones que ya conoces, no hemos vivido aquí, pero siempre ha estado presente. Jamás me nacionalicé ni en Argentina, por lo cual no pude ejercer como maestra, ni en Venezuela.

Siempre en todas partes exhibía con orgullo el ser paraguaya, aunque en Argentina era un poco despreciativa la gente con lo paraguayo, y en Venezuela, no tenían idea qué era Paraguay. A mí me decían, “yo solo conozco a Roa Bastos y ahora a ti”.

¡Mira qué responsabilidad ser el exponente de un país! A papá lo estimaban y admiraban muchísimo en Venezuela, era muy conocido, se estudiaba en la Universidad Simón Bolívar, una de las mejores de allá.

Y en general, siempre además de la música, su nombre en todos lados es sinónimo de Paraguay. Así que a mí no me cuesta mucho llevar esa bandera como tú dices, es una bandera que se lleva con orgullo y con modestia, como él mismo nos enseñó. Decía que los sentimientos que más odiaba eran la autocompasión y la soberbia.

-Resumí tu sentimiento.

-Para mí, el orgullo es ver que a través de los años de su vida, nunca varió su esencia, que vivió como sentía, que brindó todo lo que era en su literatura, y que es allí donde debemos buscarlo.

Y la modestia, comprender que ningún acto grande que hagamos ni un don que tengamos puede ser motivo de soberbia, porque es solamente cumplir con desarrollar lo que nos tocó. Nadie es más que otro, y cuando alguien es grande no necesitas gritarlo, se nota. Así fue él, sin grandes exhibiciones, pero grande de verdad. Cuántas veces no denegó homenajes por esa misma razón.

Monta guardia y espera. Y nada hay tan poderoso e invencible como cuando alguien espera desde la muerte”. (El trueno entre las hojas)




Augusto Roa Bastos recibe el saludo del Rey Juan Carlos de España, luego de recibir el Premio Cervantes 1989.