lunes, 16 de noviembre de 2015

De remansos y torbellinos


De remansos y torbellinos
(a mi madre)


Ella aprendió a confeccionar vestidos, haciéndole ropas a mis muñecas. Era una adolescente bonita que fue madre antes de terminar de crecer, envuelta en una historia de amor juvenil parecida a la de Romeo y Julieta, tambièn con final triste aunque en otra dimensión, y en dos rincones del Chaco paraguayo: Rojas Silva y Villa Hayes.

La recuerdo haciendo prendas idénticas para las dos, en especial un conjunto de pantalón y chaquetita en corderoy bordò, o mi querida capita con caperuza, de color azul y poniéndole un lazo de seda a aquel lindo sombrerito rosado de rafia, comprado en Asunción, para su niña de seis años con conjuntivitis.
Mientras abuela Alejandra nos criaba a ambas, ella soñaba para mí aquellas cosas que no pudo alcanzar para sí misma, y se encargaba de que el fotógrafo ambulante eternizara mi imagen junto a aquella heladera Gelomatic a kerosene que se sentía satisfecha de haber comprado, o con un par de pistolas vacías en la cintura y vestida con mi pijama de franela, o aquella siesta con mi jumpercito a cruadrillé antes de mi primera clase de preescolar, o recitando sobre una silla y la inolvidable foto sentada en el regazo de mi abuelo Segundo.

Ella me llevó obligada a Buenos Aires, y aunque aquella ruptura con mi pueblo, mi río y mis abuelos representó uno de los dolores más grandes de mi vida; esa ciudad, esas maestras argentinas y esos libros hicieron de mí­ una contadora de historias y lectora ávida y feliz.
Ella me inscribió en un curso de dactilografía a los 15 años, sin que yo lo supiera o lo pidiera, porque quería que aprenda muchas cosas y porque me iba a servir para el futuro. Me compró mi primera máquina de escribir, Yamato, linda y nuevita en Casa Rosada, y celebró aquel primer trabajo como dactilágrafa de un escribano, a los dieciseis años.
Ella me esperaba con la cena caliente a las doce menos cuarto de la noche, cuando regresaba extenuada luego de una larga jornada que incluía mi trabajo como secretaria y la carrera de periodismo en la Facultad de Filosofía en Ytapytapunta.

Ella celebró mis triunfos y me retò por mis equivocaciones. Fue madre e hija para mí y a veces debía luchar para hacerle entender que la adolescente era yo y no ella; porque en miles de ocasiones se cambiaron los roles. Ella me dio alegrías y tristezas, me hizo rei­r y me hizo llorar, igual que me ocurre ahora, con mis hijos.

Talvez en ocasiones los hago felices o en otras los hago entristecer, o viceversa. Es que la relaciónn madre e hijos es así. A veces un remanso, a veces un torbellino.

Mirando hacia atrás, y poniendo las pesas en la balanza, rescato los recuerdos bellos de mi madre; esperando que alguna vez, mis hijos solo rememoren los momentos quizás breves, pero de intenso amor que pueda darles.

¿A quien le molesta Nelson Aguilera?


Publicado en mi columna de opinión, en el Diario La Naciòn
Año 2013.


¿A quién le molesta Nelson Aguilera?

Lo que el mismísimo Augusto Roa Bastos logró recién en décadas de trabajo, lo consiguió Nelson Aguilera, con la ayuda de María Eugenia Garay, en mucho menos tiempo. Roa sumó años de exilio y numerosos libros publicados para conseguir ser conocido en su propio país. El autor de “Karumbita, la patriota”, lo obtuvo en un día, al convertirse en el primer escritor paraguayo acusado de plagiar la obra de una colega.
Es que no hay mal que por bien no venga. En estos dos últimos días, su nombre fue trending topic (tema del momento), fue entrevistado por todos los medios de comunicación y mucha gente que nunca leyó un texto suyo salió a comprar sus obras. También firmó libros y autógrafos en el colectivo que lo lleva hacia Mariano Roque Alonso, donde reside.
Aguilera, condenado a dos años y seis meses de cárcel, por la acusación de plagio realizada por Garay, consiguió tal movimiento de solidaridad y adhesión que no hubiera logrado ni si ganaba el Premio Nobel de Literatura.
Incredulidad, tristeza, impotencia… son apenas algunos de los sentimientos experimentados por la gran mayoría de sus colegas, sus lectores, sus alumnos, maestros y ciudadanía en general, con esta condena.
Ya corrieron ríos de tinta y de tecleos sobre el caso, también especulaciones sobre qué motivó a María Eugenia Garay Zuccolillo, nieta de Eugenio A. Garay, madre de dos jovencitos adorables, excelsa poetisa y otros atributos más, a acusar de plagio al “papá” de Karumbita. Envidia, dicen algunos: Porque ella no logró ser publicada por una casa editorial tan importante como Alfaguara, porque Aguilera tiene varias obras que son recomendadas por el Ministerio de Educación, porque la sencilla tortuguita y sus historias se vendían como pan caliente, o porque ella tiene abolengo y no trasciende y él es un “negrito” que triunfa, entre otras razones.
Pero los mal pensados tenemos otra teoría: hay una mano negra detrás de ella, alguien que la azuzó, que la instigó a realizar esta acusación tan descabellada. Alguien le hizo “chúmbale”, y le dijo algo así: “Mirá María Eugenia, !ese caradura de Nelson Aguilera plagió tu obra!”, y ella entró en esta vorágine que la está por devorar.
¿A quién le molesta el éxito de Nelson Aguilera? Existe una persona a quien el trabajo de este docente y escritor paraguayo le incomodó, pero no a causa de su trabajo literario, sino con sus manuales escolares y para docentes, como
Comprensión lectora”, “Literatura interactiva”, “Mi primer libro de lectura”, “Mbaéichapa mitãmi” (fichas didácticas), “Mi pedagogía del amor” y muchas obras más que son utilizados masivamente en colegios e instituciones de formación docente de todo el país.
Esa persona, perjudicada en su bolsillo y su ego, incitó de manera inmisericorde a Garay, y ella se dejó llevar hasta autoconvencerse de que realmente inventó la historia y es dueña de ella.
Sin embargo, María Eugenia Garay utilizó un título para nada original para su obra supuestamente plagiada: “El túnel del tiempo”. Existe un libro de Leinter Murray con ese título, también una película y una serie televisiva; en cuanto a los viajes en el tiempo, ya H.G. Wells lo trató en su texto “La máquina del tiempo”, y existen decenas de filmes que se basan en el tema como “Viaje al futuro” y “La casa del lago”. Como dijo Alcibiades González Delvalle, desde Homero, todos los escritores hemos estado escribiendo y reescribiendo sobre apenas diez temas, o doce, diría yo, para agregarle los temas sociales contemporáneos. Entonces, ser original es casi una utopía, pero se puede ser diferente… y lo que es mejor, ser buena gente. Eso hace la diferencia.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Poema de Oscar H. Fleitas Gòmez

El querido poeta y amigo Oscar Humberto Fleitas Gómez me honró con este hermoso poema


Tus manos… ¡!


...Dios bendiga tus manos,
qué cuentan historias,
de un pueblo,
a veces sin voz,
llorando en silencio...
... De alegrías que alcanzan,
las puertas del cielo,
de gente olvidada,
porque la voz,
se atragantó,
en una lista,
inexistente...
... De las Flores del chaco,
que siembran tus recuerdos,
de los hijos,
y el amor a los padres,
de las madres,
y la devoción a los hijos...
... De los gritos que rompen,
los silencios,
porque no hay otra forma,
más que arañar la pared,
para sacarse el dolor,
y decir basta,
de defensa,
yo ofrezco mi pecho...
Tu manos más
que contar
bellas historias,
narran la realidad
de un pueblo,
renacido de sus cenizas,
tanto que el Fénix,
no es sólo un bello símbolo,
es una verdad diaria,
y del cuento,
su más cruda verdad…

Oscar Humberto Fleitas Gómez
Poeta paraguayo
de la Generación del 90.