miércoles, 17 de febrero de 2010

FRASES HERMOSAS


"El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace"


"Gracias Señor, por anular el acta que era contra mi y clavarla en la cruz. Hoy tengo paz porque tu eres mi paz y nada ni nadie podrá avergonzarme jamás".



"A tristeza nao tem fim
a felicidade sim"
(Vinicius de Moraes)

"Un poco para no morir, en el primer encuentro"
(de "Madame Butterfly)



"El tiempo es sabio y cura"
(anònimo)


"Hay una historia en cada amanecer"
M. Benedetti

"La desdicha es grande, pero el hombre es aùn màs grande que la desdicha"
Rabidranath Tagore


"Yo te enseñarè el camino"
(Salmo 32.8)

"El amor no es encontrar a alguien con quien vivir. Es encontrar a alguien con quien no se pueda dejar de vivir"
(Malak Mon Or)

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"Nadie supo que eras un àngel, hasta que abriste tus alas"
(Anònimo)
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"Despuès del verbo amar, ayudar es el verbo màs bello del mundo"
(Berth Von Sutter)

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"A olvidar tambièn se aprende" (Anònimo)

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"Mi amor por ella permanecerà en mi corazón hasta que muera "(Shimon Peres)


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"Los hombres educados respetan la individualidad de los demás, y por tanto
son siempre indulgentes, dulces, amables y complacientes"
Anton Chèjov


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"Para el que se siente infeliz, todos los día son malos; el que tiene el corazón alegre, está siempre de fiesta"
Proverbios 15:15

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"Luego de tantos años y cosas vividas, el camino siempre me lleve de regreso a su corazón"
(Lo dijo Tom Jones, refiriéndose a su esposa)

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"Existen dos formas de ver la vida. Una es pensar que no existen los milagros, y la otra es pensar que todo es un milagro"
(Anónimo)

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"El dolor se dice callando"
Eduardo Galeano

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"Muchas veces, a lo largo de los años he mirado hacia el cielo y he dicho: Padre, qué estás haciendo?
El parece responder: Estoy bordando tu vida, hijo"
(Anónimo)

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"Te dejo junto al mundo
derrotando imposibles..."
Mario Benedetti

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martes, 9 de febrero de 2010

Relatos sueltos -En llamas sobre el Ganges


De "Fuego que no se apaga- Relatos de amor y desamor"

A Julio (y en la querida memoria de Berta "Toti" Medina)

Agua, flores, sollozos… y luego el fuego. Una balsa de varas largas, muy largas, ¿Cuántas pilas de ellas estarían encimadas?. Abajo, el Ganges corría más despacio, menos impetuoso que nunca. Abajo, el Ganges se llevaba restos de siglos .. y me llevaba despacio, suavemente, mecida por el viento y el aroma embriagante de millones de pétalos que me envolvían por entera.

Ví los pétalos esparcidos sobre el agua, y los a vi a ellos arrojarlos sobre la corriente sinuosa. Arrojaron las flores, sus lágrimas y un trozo de sus corazones. Una sensación, entre dulce y triste me invadía. ¿Pero, a qué parte de mí? ¿A la que navegaba en esa balsa envuelta en un sari bordado en oro y púrpura? ¿O a la mujer sin cuerpo que flotaba en un espacio indefinido sobre el oscuro río, entre toda esa gente y bajo nubes semigrises? ¿Era dos personas o sólo una desprendida y dividida?


Los ví enjugarse las lágrimas y apretarse las manos temblorosas, unas a otras. Algo dolía en mí, hacia mi vientre; algo peleaba por salir desde mis pechos: la leche endurecida entre mis senos se truncó en sus vías cuando empezaba a manar por los pezones. ¿Qué era ese vacío inmenso en mis entrañas? ¿Qué ese dolor allí… y en el medio del alma?

Pude adivinar su mirada entristecida, su rostro taciturno, sus hombros encorvados por el peso de los días velando esa angustia larga e interminable. Vi a mis pequeños ángeles tomados de las manos, con los ojitos enrojecidos y la desazón inmensa de no entender por qué el río me llevaba en su corriente imparable. Allí faltaba alguien: pequeño, dulce, nuevo… A él le dí mi último suspiro, mi agonía final, mis latidos. Le regalé mi vida a cambio de la suya, le deje el legado de mi amor, en ese abril con brisas demasiado extrañas.

Las flores que él tiró para que flotaran sobre el agua del Ganges, navegaron conmigo y me llevaron su amor envuelto en pétalos amarillos. Quise saltar, desatar mis ataduras, nadar hasta la orilla; pero mi cuerpo estaba sellado entre esas varas convertidas en balsa que se iban perdiendo ya lejos de la orilla.

Yo quería otro beso de sus labios delgados, sentir su abrazo dulce, la presión de sus brazos, su olor, su esencia. Quería sentir mi rostro sobre su pecho; rozar mi cara, una y otra vez, casi hasta lastimarme, por su barba tupida, por su mentón perfecto. Pero estaba allí, sujeta en mi lecho de ramas y flores, para siempre. Aquella que flotaba ya no tenía forma, cuerpo ni mirada.

Los ví lejanos, casi convertidos en un punto. Los ví entrar al agua. ¿Correría, nadaría hacia mí? ¡Si sólo me tocara una vez más, si sólo me mirara otra vez con el negro profundo de sus ojos!, quizás terminaría el hechizo de la muerte, como ocurre en los cuentos de hadas…

La antorcha cayó hacia mis pies, donde las flores amarillas formaban una manta esplendorosa como un sol de verano. No sentí nada. La enorme fogata iluminó la tarde y el Ganges silencioso acalló su correntada para acunar mi cuerpo, envuelto en llamas.

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Cenizas, sólo cenizas. Carne quemada, pétalos, varillas, agua. La que flotaba allí se ha ido. Se fueron las dos, con el recuerdo de sus ojos negros en el corazón y sus manos acariciando suavemente…

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Siglos después, puedo sentir su cuerpo fuerte y tibio junto al mío. En la quietud nocturna nuestros hijos dormidos sonríen en sus sueños, reviviendo tal vez los juegos de la siesta. Lo siento respirar pausado, en paz. Lo siento respirar cerca, cerca…

Varios siglos después, volvimos a encontrarnos y retomamos juntos nuestra historia inconclusa.