miércoles, 3 de abril de 2013

ENTREVISTA-VICTORIO V.SUAREZ






Publicado en el Diario La Naciòn
el 31-03.2013


Victorio V. Suárez, escritor y periodista

Es que amamos demasiado la vida para aceptar la muerte”

Acaba de ganar el Premio de poesía “Hérib Campos Cervera”, con su poemario “Delante de la oscuridad (El libro de la muerte)”.



Sumido en un momento muy especial de su vida, el escritor y periodista Victorio V. Suárez disfruta del Premio de poesía Hérib Campos Cervera, que ganó días atrás con su obra “Delante de la oscuridad (El libro de la muerte”. El galardón está dotado de 8.000.000 de guaraníes como recompensa.

¿Qué representa este premio para vos?
El reconocimiento siempre es importante para un escritor, en este caso para mí, llevando en cuenta que se trata de un premio en homenaje a uno de los grandes poetas paraguayos cuyo trabajo marca, con otros integrantes de la generación del 40, la ruptura con el modernismo tardío. Y es más, Hérib fue un gran combatiente: poeta social, humanista preocupado por la suerte de su pueblo.

Háblame de este libro con un nombre tan sugestivo...
Delante de la oscuridad” (El libro de la muerte) probablemente surge después de reflexionar sobre unos dibujos de Ramón Rojas Veia (Rojitas), quien había decidido partir hacia la eternidad. Sus obras me demostraron no solamente la preparación hacia la otra orilla, sino también la manera en que uno puede estar delante de la muerte. Una cuestión que había llamado la atención de mi amigo Genaro Riera Hunter es el título. El poemario está dividido en varios capítulos. Contemplación, reivindicación de la muerte, de nuestra muerte cotidiana y de aquella verdadera que rompe los hilos y nos conduce hacia la nada donde supongo, brilla la verdadera, la última y eterna esencia del ser humano. En el libro se habla sin miedo al encarar la muerte. Se dialoga y muchas veces exhibiendo lazos de comprensión y solidaridad hacia ella. Es que amamos demasiado la vida para aceptar la muerte, sin embargo, en esa negrura total, en el misterio, es probable que se encuentre arrullada la luz que enseña los caminos hacia Dios. “Delante de la oscuridad” señala los perfiles de la muerte, las caras que van apareciendo de lo desconocido, es una invocación profunda. Pero es en el capítulo final, “Vidriera de difuntos”, donde surgen poemas que invocan a célebres muertos, aparecen además cantos de agonías, esperanzas, protestas a causa de una sociedad cada día más maniatada por la inescrupulosidad, la corrupción, los políticos basura y las grandes injusticias sociales y económicas. A veces uno reniega de la patria y se vuelve apóstata, utópico incurable que sólo busca ver un mundo mejor.

¿En qué momento de tu vida lo escribiste? ¿Estabas pasando por alguna situación especial?
Se podría hablar de momentos especiales, cuando uno alcanza los 50 y va pasando el tiempo, la idea de la muerte se acrecienta. El Bardo Thodol, o el libro tibetano de los muertos, como así también el libro egipcio de los muertos me enseñaron muchas cosas. La idea del desprendimiento, la ansiedad contenida y la espera, especialmente cuando llega el momento en que uno cree que verdaderamente va a morir. Y es algo que nos ocurrirá a todos. Con ella se cumple lo que la ley promete y no pone en práctica: la igualdad de los hombres, la muerte traga a todos por igual, tal como afirmaba un escritor italiano.

¿Qué lugar ocupa la poesía para vos?
Alguien podría pensar que soy tonto, pero sigo sosteniendo que la poesía ocupa toda mi vida. La poesía no es el lloriqueo pasatista y timorato, se trata de un compromiso, en esto recuerdo a José Luis Appleyard, quien más de una vez me dijo: “El que llega a la poesía fermenta allí, ya no puede dejar. Al fin y al cabo, sarna con gusto no pica”…y se reía de manera paternal. Me identifico más con la poesía que con cualquier otro género de la literatura. La poesía es todo, es mi esencia, la esencia humana, la voz, la palabra, la comunicación, el estado de soledad, de tristeza y alegría. Y José Luis tuvo razón: ya no lograré desprenderme de ella.

¿Y la narrativa?
La narrativa sin sustento poético me parece como una comida sin sal. Los grandes escritores hispanoamericanos dieron muestras de calidad poética y narrativa en sus obras: Roa, Rulfo, García Márquez, Borges, Asturias, Cortazar, Fuentes, solo por citar algunos. En ese sentido, lo que hago narrando lo hago también poetizando. Siempre escribí cuentos y ahora me animé a apuntar hacia la novelística corta, tengo obras terminadas que con alguna corrección irán apareciendo probablemente, pero me siento más poeta que narrador, eso es en definitiva mi verdad.

LA BELLA CANDE
Acabo de terminar de leer tu obra, “Varadero, el burdel de ña Candé”. Es un fresco de época y de la Asunción antigua. ¿Cómo surgió la idea de escribir la novela?
Varadero, el burdel de ña Candé” es un trabajo que surge entre retrocesos temporales de mi memoria. Varadero, un lugar emblemático de filibusteros, prostitutas, contrabandistas, marineros, canoeros y gente de toda laya llegando desde el río. Viví ese tiempo de turbulencias nítidas y fui grabando las características de muchos personajes que marcaron época, con la novela vuelven a recuperar sus espacios, vuelven a ser seres de carne y huesos, aunque gran parte de ese segmento ya está muerto. Vivieron entre “penurias y fatigas”, pero también arroparon de alegría y ocurrencia sus días, allí, en Varadero había ocurrido un crimen, mataron por error a una prostituta, sobre este tema gira la obra y sobre la inolvidable “madama” ña Candé se sostiene gran parte de la narración. Era una mujer hermosa, que llegó del Norte. La recordé con devoción y está allí, con sus pupilas, con sus parroquianos, con sus costumbres, es parte de “Varadero, el burdel de ña Candé”.

¿Cómo vivís el hecho de escribir narrativa durante un tiempo y luego encerrarte en un poemario?
Escribo mucho, tanto que hace dos años caí en vértigo. Sigo a veces con el mismo problema, pero igual sigo escribiendo mucho, sin descuidar la lectura. La escritura es un ejercicio permanente y depende de los estados de ánimo: en mi caso hay temporadas en que estoy metido en poesía y otras en las que voy directamente a la narrativa o al ensayo. Pero reitero, la poesía es una musa que siempre, permanentemente está llamando.

martes, 2 de abril de 2013

VOLVI A MIRAR MI RIO (Cap. XI de Donde el rìo me lleve)


Capìtulo XI de “Dònde el rìo me lleve”


VOLVI A MIRAR MI RIO


Convercé con mis dos patronas y les expliqué que necesitaba viajar a mi país, por unos días. Para una de las casas conseguí un reemplazo, una joven que vivía cerca de mi casita, en la villa. La otra señora dijo que ella ubicaría a una antigua empleada mientras yo regresaba. Ambas me aseguraron que mi lugar me esperaría.

A Remberto no le hizo mucha gracia que desapareciera en esos momentos cuando estábamos llenos de compromisos los fines de semana. Le dije que busque una cantante sustituta, pero mi compañero argumentó que la gente quería escucharme a mí y no a otra. No me importaron sus quejas, le pedí a Luisa que me guardara las cosas de cierto valor y candadeé mi casita, con la inquietud de que la podían saquear en mi ausencia.

Compré algunos regalos para papá y para abuela y volví a casa en el servicio más rápido del transporte, hasta Asunción; luego tomé otro ómnibus hasta Villa Hayes.
Ya no volví por el río, con la balsa.

En mi ausencia habían construido un puente sobre el río Paraguay, a la altura de la localidad de Remanso. Todo era nuevo para mí. Entramos a Villa Hayes por atrás, desde Asunción. El colectivo ya no pasaba frente a la casita, sino lejos. Tenía que caminar mucho con mis bultos para llegar al puerto. Por el camino, conseguí un carritero que me ayudó con mis bolsos.


Cuando llegué, el paisaje aún estaba igual.


Era cerca del mediodía, y desde lejos pude adivinar a mi abuela en la cocina, haciendo una de sus deliciosas comidas. El carritero apuró a su caballo, porque notó que yo estaba ansiosa por arribar a mi destino.

Llegué sin hacer ruido. Dejé mis bolsones en la puerta y entré hasta el fondo buscando a mi abuela. La abracé por detrás mientras lloraba emocionada. Ella no necesitó darse vuelta para saber que era yo. La sentí pequeñita, encogida, entregada al paso del tiempo.

Nos abrazamos sin decir nada. Sólo nos abrazamos. Luego, me llevó de la mano hasta la que era mi habitación y nos sentamos sobre la cama a llorar de alegría, por el reencuentro.

Papá llegó después, y se quedó sin palabras cuando me vió sentada en la mesa, almorzando con mi abuela. *¿Mbaeichapa che rajy? Me saludó y ví cómo le caían las lágrimas.



Después de mucho tiempo volví a sentirme feliz.




Me quedé durante dos semanas. Abuela estaba con problemas urinarios y me encargué de llevarla al médico y cuidarla durante esos días. Papá se veía contento con mi presencia, dejando de hacer algunas de sus tantas tareas para permanecer más tiempo con nosotras.

La huerta de mi abuela estaba llena de hortalizas, limones, batatas y sandías pequeñas. La casita estaba pintada de celeste claro y el río seguía allí, plateado y hermoso como lo recordaba.


Casi no hablamos de mi madre, en todos esos días, sí les conté de mis trabajos por la mañana, las presentaciones nocturnas y mi casita en la villa. Claro, no les dije que estaba ubicado en un sitio como ese, para no preocuparles.

Fue muy difícil volver a separarnos, pero creo que nos hizo muy bien a los tres ese reencuentro. Papá me llenó de atenciones, y abuela no paraba de reir por cualquier motivo. Nos volvimos a distanciar, pero esta vez la despedida fue diferente.


*Qué tal mi hija?

ENTREVISTA- JUAN DE URRAZA (JEU AZARRU)


Publicado el 26.12.2012
en el Diario La Naciòn



Juan de Urraza “Jeu Azarru”

En realidad, en ellos reflejo la propia esencia del hombre”

Días atrás presentó su nueva obra, “Señores de fuego”, con los dragones como protagonistas principales.


Apasionado por la ciencia ficción y la fantasía, el escritor argentino-paraguayo Juan de Urraza (Jeu Azarru, para sus lectores), se introduce en el mundo de los dragones, en su nueva novela. ¿Cómo personajes secundarios? No, como estrellas principales de su última obra.

¿Cómo se dio la creación de “Señores de fuego”?

Señores de Fuego” se inició con un primer capítulo en el que un dragón medieval pensaba y recordaba sobre las “épocas doradas” de estos reptiles… Sin saber que en poco tiempo decaerían al punto de casi extinguirse. Esta chispa disparó todo lo que luego sería el corazón del drama de la novela: Los dragones siempre existieron, pero a causa de la humanidad tuvieron que recluirse, huir del mundo, y aprender a subsistir entre nosotros camuflados, para no perecer. Por otro lado, la idea era romper con los estándares de la literatura fantástica en que el dragón aparece siempre como un enemigo (o aliado) del hombre, poderoso, pero siempre como personaje secundario, donde el hombre es central, y vemos al reptil a través de los ojos del ser humano, siendo esta experiencia afectada por la visión del protagonista. En esta novela toda la historia está narrada desde el punto de vista de los dragones, quienes tienen sus filosofías, formas de ver las cosas, jerarquías, etc. Así se desnuda su realidad, pero sin la necesidad de tener un tercero que la relate.

¿Por qué escribir nuevamente sobre una historia fantástica?
Si bien la mayor parte de mi obra es de ciencia ficción, cabe resaltar que cada vez más me he volcado a la narrativa fantástica, sobre todo en los relatos breves, o en la mezcla entre ciencia ficción especulativa y fantasía. De todos modos, esta historia no es de fantasía épica o medieval, como solemos estar acostumbrado, sino que es una ficción histórica… La mayor parte de los dragones protagonistas son dragones existentes en la historia humana, considerados dioses en la antigüedad, o retratados en leyendas y canciones, y los acontecimientos que éstos viven están enmarcados en diversas épocas humanas, interactuando y en muchos casos siendo partícipes o causa de acontecimientos de gran relevancia en las diferentes civilizaciones. La novela requirió mucho trabajo de investigación previa, para hacerla sólida y atar numerosos cabos, de forma a que, a pesar de ser fantasía, se vea como real.

¿Cuál es la trama que desarrollaste?
La historia va a dos tiempos, uno, el presente de cada capítulo, en el que van sucediendo diversas cosas, y otro, el pasado, que los dragones siempre recuerdan y añoran. En general la novela empieza en la edad oscura, con los dragones reuniéndose por primera vez (ya que son solitarios, orgullosos y territoriales) para debatir acerca del crecimiento de la plaga humana en el mundo, y cómo hacerle frente. De ahí en adelante se teje la trama, con constantes enfrentamientos entre dragones, humanos, magos y otros seres de índole mágico, por el dominio del mundo, pero donde irremediablemente el hombre común se termina imponiendo. Los demás grupos minoritarios, entre ellos los dragones, deben finalmente ocultarse del mundo, y planear, desde las sombras, la forma de regresar a reclamar su antiguo reino. Todo esto me pareció una premisa sumamente interesante y atractiva, de la cual se ramifica la historia, contando el pasado de numerosos dragones históricos, obviamente todo mezclado con ficción y fantasía.

SÍMBOLOS

Ese enfrentamiento... ¿sugiere algo de la historia real? ¿Es una metáfora contemporánea?

Los hombres vivimos en constante enfrentamiento entre nosotros, así como con la naturaleza, y todas las especies del planeta. Con los dragones pasa lo mismo, viven constantemente enfrentados unos a otros, debiendo detener estas rencillas solo para hacer frente a una amenaza mayor: el hombre. En realidad en ellos reflejo la propia esencia del hombre también, y todas sus historias.
La fantasía, así como la ciencia-ficción, muchas veces son un escape a nuestra realidad, pero muchas otras son un “mirar más allá”, y reconocer muchas cosas perdidas u olvidadas por la situación político-social que vivimos. Por lo tanto, muchas veces una obra como esta puede interpretarse a través de sus símbolos como un reflejo de nuestra realidad.