lunes, 11 de abril de 2011

Opinión - Pèlatos al rìo


(Publicado en La Nación, el 11.04.2011)

Encendiendo velas y tirando pétalos al río, el pasado viernes 8, el pueblo gitano celebró su Día Internacional y participó en los diferentes lugares donde residen de la llamada “ceremonia del río”. Con este rito, la etnia brinda un homenaje a sus antepasados y a los 600.000 que murieron durante el holocausto.


La ceremonia tradicional gitana recuerda la decisión del pueblo gitano de abandonar su tierra originaria en el Punjab (India) y comenzar un éxodo por todo el mundo, fluyendo como los ríos sin atender a fronteras.


Durante el acto de recordación, en la capital de España, representantes del gobierno, del Ayuntamiento de Madrid (Municipalidad ) y los principales dirigentes gitanos, presenciaron cuando las mujeres lanzaron pétalos al Manzanares, y se comprometieron en cultivar el respeto a las diferencias, la educación y la corresponsabilidad para lograr la integración del pueblo gitano al país.


Cuando hablan de integración, se refieren a que muchos de los gitanos son víctimas de prejuicio, de intolerancia y de maldad llana y simple. Las autoridades españolas han puesto en marcha políticas e iniciativas en materia de sanidad, vivienda y educación, lo cual hizo posible que un alto porcentaje de los niños gitanos esté escolarizado, y que un mínimo porcentaje de la población resida en viviendas infrahumanas, o las denominadas chabolas.


Sin embargo, los niños y jóvenes acusan un alto ausentismo escolar a causa de las discriminaciones que sufren en las escuelas públicas, una materia aún pendiente por resolver en la Madre Patria.


Aunque las comparaciones son odiosas, es imposible dejar de pensar en la extrema dejadez en que viven los indígenas en nuestro país. A caballo entre la “civilización” paraguaya y sus costumbres, los ancestrales compatriotas “viven” una situación cada vez más dura, y deben luchar contra la falta de tierra, de vivienda digna, de alimentación, educación, sanidad, etcétera.


Lastima ver a los indiecitos con sus narices chorreando, por las calles, mientras mendigan algunas moneditas, que tal vez usen para comprar comida, o para dárselas a sus mayores.


Ahora que empiezan a llegar las bajas temperaturas, estarán semidesnudos y descalzos, en las esquinas. ¿Cuántos de ellos asisten a la escuela? Está comprobado que aquellos que reciben educación, sobresalen y consiguen trabajar por sus pueblos. Hace unas semanas, una joven aborigen partió hacia Cuba, donde estudiará Medicina; anteriormente ya se ha sabido de otros indígenas que lograron terminar alguna carrera universitaria y son útiles a sus comunidades. Entre los maká hay maestros que enseñan su lengua ancestral y el español a los pequeños.


Si lográramos que en Paraguay se consensúe sobre el futuro de los indígenas, respetando sus tradiciones y diseñando para ellos una vida más digna, lograríamos crecer como nación. El país sigue en deuda con sus pobladores ancestrales.

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