lunes, 28 de febrero de 2011

Opinión - Desidia y humillación


(Publicado en La Nación el 28.02.2011)

Creo que lo asesoró su enemigo. Tuve que leer varias veces la información para convencerme de que realmente el director de obras de la Municipalidad de Lambaré dijo lo que dijo. “Fue un descuido de la nena”, expresó Carlos Mendieta, quien seguramente es ingeniero o arquitecto y nunca jamás realizó ningún curso de diplomacia o relaciones públicas, atendiendo a su desatinada declaración.

La semana anterior, estremeció la historia de una joven heroína llamada Gabriela, quien logró sobrevivir a una terrorífica travesía por el alcantarillado de la exclusiva zona del Yacht. La niña-adolescente “viajó” durante interminables minutos por los 550 metros del túnel, luego de una increíble caída en la apertura a cielo abierto de un desagüe pluvial (o cloacal).

El hecho me recuerda a esos niños que rompen algo en la casa y ante el temor de la reprimenda o paliza de su madre, dicen: “yo estaba quietito y vino el espejo y se estrelló por mi pelota”.

De igual infantil manera, al señor Mendieta se le ocurrió echarle la culpa a Gabriela sobre la casi tragedia que le ocurrió, en vez de ensayar una disculpa o una frase de pesar, mientras prometía una investigación, o mejor, el arreglo inmediato de la desidia criminal de la Municipalidad de Lambaré. La boca de la alcantarilla debería estar tapada o bordeada de rejas altas, con señalización visible, grande y con colores llamativos.

Imagine la película. La niña y su amiga caminaban de la mano en medio de un mar de agua, y según los testigos, iban tanteando con la punta de un palo para continuar, hasta que perdieron el piso y una de ellas logró asirse a una mata de pasto mientras la otra era tragada por el raudal.

Cuántas desgracias ocurren todos los días a causa de obras mal realizadas, o sin señalización y calles rotas, en casi todos los municipios del país; y estar soportando los insultos de alguien que debiera responsabilizarse por los trabajos desastrosos que realizan en uno de ellos ya es el colmo.

Por ejemplo, sobre la avenida Mariscal López, casi llegando a la llamada Curva de la Muerte (yendo hacia el centro) existe un local comercial que hizo construir una especie de pequeñas pirámides de cemento en la vereda obstaculizando el paso de los peatones. Si pasara por allí una persona ciega, iría tanteando con su bastón blanco, pero podría errar y caer en el pavimento, justo en un horario pico cuando miles de automovilistas corren para llegar a hora a sus trabajos. El responsable de controlar que las veredas se mantengan despejadas en el municipio de Fernando de la Mora podría decir que fue un descuido del cieguito. “Quién lo mandó a caminar por allí si no ve”, afirmaría con soltura, en vez de multar de manera ejemplar al desconsiderado infractor.

Poniendo otro ejemplo, en una conocida lomitería, su parque infantil hecho de madera, tiene tablas rotas y clavos con las puntas herrumbradas descubiertas. Si le ocurriera un accidente a algún niño, ¿será que el funcionario encargado de controlar la seguridad de estos lugares de diversión, diría: “Eso le pasó al niño por no quedarse quietito en la silla, ich”?

No pedimos cosas extraordinarias a las autoridades municipales, solo que cumplan la parte que les corresponde. Ellos también son padres, hijos, hermanos... y si no hacen bien su trabajo, mañana la víctima puede ser su propia sangre. Entonces los quiero ver dando explicaciones irresponsables e irrespetuosas.

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