De "Horchata para el mal de amor" (Editorial Servilibro) Nicaragua 1524, entre Perú y Battilana. El cartero llegaba en las mañanas trayendo buenas noticias. El sigue pensando en mí, me escribe, dibuja corazones en hojas de una raya color azul desteñido... él me necesita. Un mes, otro mes, también el siguiente, las cartas hablaban de saudade, de amor desde la distancia, de penas que crecen con los meses, de besos que no encuentran donde descansar. ¿Me vas a esperar? Le había preguntado. Si, le dijo ella. Te espero, como los pájaros, en el limonero florecido. Y él no se dio cuenta, que las aves no permanecen para siempre percibiendo el perfume de los azahares, que vuelan, buscan otras ramas, si las que poblaban ya no le brindaban el cobijo ansiado. Por mucho tiempo, las cartas siguieron llegando, cada quince días, cada mes... pero dejaron de tener sentido para los dos...