miércoles, 14 de julio de 2010

Relatos sueltos - Para ensayar sonrisas



De "Ronda en las Olas", que cumplió 20 años, ahora en el 2010.
(El relato está dedicado a mi primer hijo, que resultó ser Melissa)


Siempre creía que ya lo tenía todo, que no me faltaba nada para madurar, para ser yo misma, en forma entera. Estaba equivocada, ahora sé que antes de que existieras dentro de mí, no estaba completa, antes de tu primer latido, de tus primeros movimientos, de que tomaras forma dentro de mi vientre, era sólo la mitad de una mujer.

Es tarde y no puedo dormir, no puedo dormir porque falta tan poco y, sin embargo, me parece tanto tiempo, tan poco pero tan mucho porque ya no soporto la ansiedad por conocerte, o sea, de verte cara a cara porque ya te conozco pequeño capullito. Ya te conozco porque desde un principio tuvimos una línea directa de mi corazón al tuyo chiquitito y sé que te gusta estar allí en tu cueva calentita, unido a mí por un cordón rosado. Te conozco porque sé que te molesta que me acueste sobre el lado izquierdo porque allí están tus miembros, y a pesar del inmenso placer de que estés allí, ya quiero que salgas y vos también querés salir porque cada día tu “casa” te resulta más pequeña y seguramente estás allí chupándote el dedito mientras movés los brazos y las piernitas para todos lados.

Paso a paso he ido imaginando tu formación, tu crecimiento, te he imaginado ir tomando de mi cuerpo gota a gota todo lo que necesitabas para ir adquiriendo forma, fui acompañando tu crecimiento con mis manos, adivinando tus diferentes tamaños desde que cabías en un puño hasta que necesité las dos manos que ya ahora no me alcanzan y me descompuse de la alegría cuando escuché tus latidos por primera vez con el detector de la doctora. Y días después, una noche en que estaba tan triste, me enviaste tus primeras tres señales en forma de golpecitos, como diciéndome: “Mami aquì estoy, no llores porque yo te acompaño”. Desde esa vez ya no estuve triste y cada vez que mi ánimo decaía, ponía mi mano para escucharte. Te rastreaba hasta que respondías con un movimiento, entonces imaginaba si eran tus manos o tus piernitas, o tu cabeza. Hoy que conozco tu posición exacta me es fácil saber de qué parte de tu cuerpecito proviene el golpe.

Está todo listo esperándote: tus pañales, tus sabanitas con ositos, los corazones rosados, celestes y amarillos colgados del techo, mis brazos para acunarte. Sólo faltás vos, para calzar tus escarpines bendecidos en Caacupé, para dormir sobre el almohadoncito que te cosió tu abuela, para abrir los ojitos a la vida y comprobar por ti mismo que va a ser lindo aprender a crecer a mi lado. Sólo faltás vos para ensayar tus primeras sonrisas, para descubrir las cosas, para que juntos inventemos juegos y canciones nuevas, para que a tu lado yo también aprenda a crecer definitivamente.

Ya estás por llegar y no puedo con mi impaciencia. El cuarto me parece muy vacío porque tu rincón no puede ser ocupado por ninguna otra cosita que no seas vos, y ya quiero saber qué sos para agregarle cintas rosas o celestes a las ropitas amarillas y blancas que te esperan para que las uses, ensucies, estironees o lleves a la boca. Esa boquita desdentada que va a pedir en forma urgente algo que succionar, esa boquita que poco a poco va a ir llenándose de dientes y de esa palabra que comienza con m y me va a hacer la mujer más dichosa de la tierra.

3 comentarios:

Nestor Zawadzki dijo...

Y para mi fué un placer participar de ese milagro desde el consultorio. Gracias por compartirlo!

Milia Gayoso Manzur dijo...

Los cuatro milagros te siguen extrañando.

Portalguarani dijo...

Señora Milia, hemos incluido su relato es su espacio de www.portalguarani.com (http://www.portalguarani.com/obras_autores_detalles.php?id_obras=13256 ), Gracias, Eduardo