miércoles, 30 de diciembre de 2009

COMENTARIO-Tiempo de promocionar "trambólicos antivalores"




Ni con un increíble porcentaje de alcohol en la sangre, Diego Pérez soñó jamás con el momento de “fama” que está disfrutando. La nueva estrella mediática declaró que lo máximo que aspiraba era llegar a ser tan famoso como Joseph, el peluquero cuya foto exageradamente grande tapa la visual en Libertad y Mariscal López.
 

Pero como decía mi abuela, si uno es persistente con sus sueños, estos pueden terminar convirtiéndose en realidad, aunque no siempre en el mismo grado de nuestros anhelos. 

Fue así como una noche cualquiera, Diego dejó sus tijeras y cepillos, cerró su peluquería y se convirtió en el pasajero ocasional de un cliente de su peluquería. Como ambos estaban con mucha espirituosa en las tripas, volaron bajito a velocidad no recomendada. El resultado fue que el chofer de la moto fue a parar a Emergencias Médicas y él, por una “arbolada”. Tanta suerte tuvo el hombre que además de salir ileso de semejante accidente, tuvo su segundo de gloria en la tele, entrevistado por un cronista de canal 13.

Pero allí no terminó la cuestión, levantado el video de la entrevista en internet, empezó a ganarse adeptos por su manera “trambólica” de relatar el suceso. De ahí en más, su popularidad comenzó a subir como una burbuja: entrevistas en radios, invitaciones a fiestas en conocidos pubs y hasta una telefonía celular del medio le pagó por usar su voz como backtone, además de estrenar canción y video en menos que canta un gallo... Como dicen algunos compañeros de la redacción, el muchacho sabe aprovechar su momento y ya tiene un tendal de fans en diferentes comunidades cibernéticas.

¿Quién cree usted que es el más popular, en el área espectáculos/cultura en estos últimos días de diciembre? ¿Augusto Roa Bastos, porque demolieron su casa de infancia?, ¿La Biblioteca Nacional porque se quedó sin presupuesto?, ¿Sandro porque ya respira solo por 10 minutos?, ¿Lizza Bogado porque canta lindo?, ¿Carlos Colombino, Rubén Bareiro Saguier, Menchi, Rosa Brítez?. No señor. Un tal Diego Pérez que voló, voló… como dice la canción de un bailantero argentino. No escribió poesía, no hizo una escultura, no canta, no baila, no actúa… solo voló entonado como un Papá Noel bizarro, estirado por un reno con forma de moto.

Hay gente a la que le parece fabuloso que a Diego le sonría la fama, porque es simpático y sabe divertirse. Sin embargo, otros estamos muy preocupados por la promoción de antivalores que se hacen en los medios, específicamente con este caso. ¿Qué mensaje reciben los jóvenes? Que está genial emborracharse y subir a una moto sin casco y sin ningún sentido de la responsabilidad con los demás y consigo mismo. A este paso, van a empezar a subir a YouTube las corridas de autos que hacen de madrugada en la autopista o los “trompos” en algunas calles de SanBer, con cuerpos “rotados” en el pavimento, incluido. Total, es súper, cool, fashion y tiene onda reventarse totalmente embriagado.

2 comentarios:

Alejandro Hernández y von Eckstein dijo...

Hola Millia: Es triste que se promocionen los antivalores como mencionas.
En mi blog escribi algo al respecto hace unos días:
http://ahve.blogspot.com/2009/12/la-fama-y-el-exito.html

Milia Gayoso Manzur dijo...

Qué tal Alejandro,
Te cuento que tuve una experiencia personal y terrible con un familiar que se pasó de copas y puso en riesgo su vida y la de su esposa e hijos. Cuando le reclamamos, se defendió diciendo que sólo quería divertirse, y que no estaba taaan borracho.
Y así como esta persona muy querida pero muy inconciente, muchos asocian el alcohol con la diversión.
A este paso, no habrá presupuesto que alcance en Emergencias Médicas, por la cantidad de accidentandos que hay a diario, a causa de la velocidad y el alcohol en exceso. La gente no dimensiona la tragedia que puede ocasionar en su propia familia y en muchas otras. Un accidente no solo puede costar la vida, sino mutilaciones, invalidez, muerte cerebral, vida vegetatita... Horrible es el pronóstico, pero no aprendemos a beber civilizadamente, o en el mejor de los casos, a beber y a quedarse en lugar.
Hay demasiada gente en el vyrorei, y otras tantas dándole manija.