martes, 8 de noviembre de 2011

Opinión-Lo que corazòn quiere tener


Publicado en La Nación,
el 8-10-2011
(Dibujo de Nelson Marìn)



Ella siempre está “pescando” en el portón. Si alguien lo abre, se introduce con rapidez y corre a buscar la comida de Scott que normalmente sufre de inapetencia de la comida casera y de la hospitalidad del hogar, ya que prefiere correr por el barrio como todo buen Delmer, rebuscándose por algún hueso largamente lamido por otros perros.
Ella entra, sumisa, moviendo la cola, en busca de un poco de comida y afecto, y suele recibir como respuesta un ¡fuera, a tu casa! Lo mismo que le dicen los vecinos a nuestro callejero perro, a quien le encanta ladrarle a todo el que pase por la calle, frente a sus narices.
Además del fuera, Scott suele ligar un cascotazo, o una patada de parte de algún motoqueiro al que molestó en exceso. Normalmente suele salir a hacer su vuelta canina diaria y regresa a pedir que se le abra, pero, también ocurre que se quede durmiendo en la vereda, cuando tardó mucho visitando a su novia, cuadras arriba.
La perra Corazón, bautizada así por mis hijos porque tiene una mancha negra con esa forma perfecta, en uno de sus costados, aprecia más lo que le brindamos a nuestro perro, que él mismo.
Ya le hemos amenazado a Scott con hacer cambio de mascota, con Corazón, si es que continúa portándose de esa manera, pero prefiere mover la cola y pedir cariño, el mismo que se le brinda a Molly, toda blanca y coqueta. Pero ella, con aires de princesa, marca su territorio, y deja bien en claro quién manda en esa casa. Corazón vive cerca, pero aparentemente no es feliz en su casa, o simplemente tiene el mismo espíritu inconformista de Scott, que sale al mundo a buscar otras emociones, aunque termina volviendo siempre a su canasta de dormir.
La simple historia de estas dos mascotas es muy parecida a la vida de muchos jóvenes. Algunos tienen un hogar donde sus padres buscan darles cobijo, alimentos y cariño, pero no les resulta suficiente. O simplemente quieren lo que no tienen y no valoran lo que poseen. El consumismo terrible, que invade como un hongo, los hace desear tenerlo todo, de manera rápida y fácil. Ropa de moda, celulares, computadoras, auto... y eso no es bueno.
En la ansiedad de conseguir esas “exigencias” de la “vida moderna”, chicos y chicas corren el riesgo de caer en poder de gente inescrupulosa que les deslumbra con espejitos, como ocurre con jóvenes que han acabado en poder de proxenetas o muchachos que terminan cometiendo delitos leves que se van agravando con el tiempo.
El diálogo en la casa es fundamental para hacerles entender que lo único que empieza de arriba es un pozo, y que es importante estudiar para encontrar un buen empleo e ir escalando la pirámide de los deseos materiales. Esa es la ventaja con los jóvenes, se puede conversar con ellos. Scott y Corazón no entienden de razones.

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