miércoles, 25 de mayo de 2011

Opinion- Hijos del techagaù



(Publicado en La Naciòn)


´”Aguyje” le dijo la joven vendedora al escritor paraguayo Feliciano Acosta, en plena Buenos Aires. Como entusiasta defensor del guaranì, èl se sintió felizmente sorprendido por ese gracias, en nuestro idioma ancestral. ¿Es paraguaya?, le pregunta . “Mi familia es paraguaya, de Luque, mis padres vinieron hace muchos años, para trabajar, y al contrario de otras chicas que apenas al llegar olvidan sus raices, yo quiero que nuestras costumbres perduren. Hablo y entiendo perfectamente el guaranì, dijo”. Argentina de nacimiento, con acento y estilo rioplatense, sin embargo, guarda y resguarda, con orgullo, su origen guaranì.

Ella es una de las miles de jóvenes que han nacido en territorio extranjero porque su madre, padre, o ambos, emigraron buscando mañanas mejores y lo encontraron en la Argentina, que desde siempre, ha recibido a los paraguayos que llegaron a su capital buscando empleo, o exiliados por cuestiones polìticas. En este ùltimo grupo se sitùan los hijos de destacados intelectuales y polìticos que fueron perseguidos por su pensamiento o por su compromiso con algún partido, en determinados momentos històricos de estos 200 años de vida, del

Paraguay independiente.


¿Es paraguaya?”, preguntò un joven cartonero en la avenida Florida.


Mi madre tambièn”, dijo, agregando un gentil piropo. Por las calles, en los centros comerciales, en el subte a la hora del regreso a la casa, luego de largas horas trabajando en las obras, en los comercios, en las casas particulares… miles de paraguayos reconocen la tonada de los visitantes y se hacen conocer. En cualquier parte del mundo, es maravilloso encontrar un compatriota que te traiga el aroma de la tierra, porque el techaga`u es la peor enfermedad que ataca a los paraguayos que han emigrado.


A la hora de la cena, en un conocido restaurant de la calle Callao, la carta ofrece, entre una gran variedad de empanadas criollas, la chipa guazù paraguaya. Muchos comercios han incluido varios platos nuestros porque entre sus comensales, es muy habitual tener paraguayos – residentes o visitantes- todos los dìas. Entonces, uno se siente bienvenido y honrado.


A diferencia de sus padres que han pasado miles de penurias, los hijos de los exiliados econòmicos o polìticos paraguayos, tienen una vida màs holgada y son beneficiarios del sistema de educación y salud, de manera gratuita. Esto les permite acceder a una mejor calidad de vida, e insertarse plenamente en la sociedad argentina. Navegan, sì, entre las costumbres argentinas y las paraguayas. Muchos se aferran a la cultura de sus padres y la preservan, otros, se integran totalmente al estilo rioplatense y se sienten algo extraños en las reuniones familiares donde se habla en guaranì. En esto, tiene mucho que ver la influencia de sus mayores y la manera en que le inculquen o no, el amor a sus raices.


Es muy importante recalcar otra vez, la generosidad de nuestros vecinos - aunque algunos polìticos en carrera quieren romper con esta tradición-, olvidando que los paraguayos pagaron con trabajo y làgrimas, la hospitalidad argentina. Y que contribuyen con una nueva generación de niños y jóvenes que ayudan a construir tambièn, una nueva argentina.

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