Entrevista a María Irma Betzel
“Nos estamos dañando a nosotros mismos, ¿es difícil de entender?”
María Irma Betzel se inspiró en obras de León Cadogan y Miguel Chase Sardi para ambientar su novela.
Se puede leer de un tirón
o darse un respiro en la mitad y retomar la obra. El libro “Los
claros labios del monte”, de María Irma Betzel (escritora y
bióloga), editado por Servilibro, y Premio de Novela 2019 de la
Academia Paraguaya de la Lengua Española, es una de las
pequeñas joyas literarias de los últimos años.
–¿Cómo nace esta
novela? ¿Hubo algún proceso de investigación sobre alguna
comunidad originaria?
–Nace del placer que me
provoca leer textos antropológicos, ese placer me llevó a
la ensoñación que es un ventanal hacia la creación
artística. La investigación forma parte de ese proceso.
–¿De qué manera
construiste los personajes? ¿Te inspiraste en seres reales?
–La mayoría de los
personajes son ficticios. Algunos pocos están inspirados en la
realidad: León Cadogan y un nativo que estuvo algunos años preso
por cometer un delito que en las leyes de los mbya era un acto de
justicia. No obstante, no los nombro, ya que los hechos no siguen una
secuencia histórica verídica, es una obra de ficción
literaria inspirada en algunos hechos reales y que respeta
los lineamientos antropológicos.
Portada del libro.
Portada del libro.
–Esta novela, que es un
canto a las culturas ancestrales, ¿quiere también ser un
llamado de atención a la intromisión del hombre blanco y el peligro
de que desaparezcan?
–Es probable, ya que
desde mi visión de bióloga me reconozco plenamente como una
criatura de la naturaleza, cuando era niña no había mejor
juego para mí que treparme a los árboles y explorar los montes
alrededor de mi casa, admirando y recolectando ñangapiry o
mburukuja, por eso, desde mi primera novela “Savia bruta” (1998,
6ª edición) aporto ese llamado por la situación ecológica
que se agrava cada vez más. Los pueblos nativos, los que dependen
directamente del monte, son los más vulnerables, ya han
desaparecido miles de ellos, después continuaremos con los
demás. El hombre no puede vivir sin un entorno natural, fuimos
amalgamados en relación a los ecosistemas y sus criaturas
vivientes. Nos estamos dañando a nosotros mismos, ¿es
esto tan difícil de entender? Yuval Harari predice que se
producirán “cuellos de botella” en todas las poblaciones,
solo sobrevivirán algunos y existirá mucho sufrimiento…
ENAJENADA
–Tocar un tema de manera
tan honda, ¿cómo lo hiciste, qué sentimientos te produjo?
–Los sentimientos de los
personajes, los vive también quien los crea. Yo, personalmente,
al hacerlo ando un poco “enajenada”, me cuido mucho en las
calles, en el tránsito, pues me distraigo con facilidad. Y luego,
cuando se entrega la obra para su edición, aparece un
sentimiento de pérdida, algo así como la depresión posparto que a
veces afrontan las mujeres al dar a luz, puede ser que esto parezca
raro para quien no está en el oficio de escribir, pero es así.
–¿Te parece que hablar
de los pueblos originarios y su realidad cruel ayudaría a tener otra
visión y otro proceder para que vivan mejor?
–Sí. Hablar, educar,
leer y sobre todo, actuar. La literatura puede ser un fermento
que construya ciudadanía y la ciudadanía puede exigir
transformaciones a la sociedad. Pero también se necesita la
ciencia, esa hermana mayor de la literatura, tan sensata y
analítica (aunque hay que reconocer que con Verne, Asimov y muchos
otros, la literatura la llevó de la mano).
Los libros que despiertan
sensibilidades y los trabajos científicos pueden servir de base para
el accionar de políticas públicas.
Faltaría que los
responsables de esas políticas públicas asuman
debidamente su rol. ¡Ay! En eso hay que trabajar ejerciendo
ciudadanía. Volvemos a lo mismo: la literatura como formadora
de ciudadanos (aunque no es su obligación, la literatura es
libre).
INTERVENCIÓN
–Me impresionó el
retrato que pintaste de las jóvenes originarias, mencionando por
ejemplo los embarazos tempranos apenas iniciada la vida de mujer
adulta, con la menarca. ¿Te parece necesario entrometerse en su
cultura para mejorar este aspecto?
–En este ejemplo puntual
que citas creo que nadie debería entrometerse, al menos,
mientras ellos estén con costumbres propias, sin aculturación.
Pero, después de leer
“Los indígenas del Paraguay”, de Zanardini y Biedermann, quedé
muy impresionada por algunas prácticas, como la de enterrar vivos a
los recién nacidos de mujeres solteras, en algunas tribus del Chaco;
allí me hice la misma pregunta y llegué a la conclusión de que si
hay seres inocentes y desvalidos, que sufren una muerte tan horrible,
se debería intervenir, de alguna manera. Pero en general, lo
prioritario es proteger hábitats y culturas, las cuestiones
puntuales como la citada, serían hechos excepcionales.
–¿Te inspiró alguna
obra en especial?
–Fueron inspiración
para mi obra varios textos de nativos transcriptos por León Cadogan
y Miguel Chase Sardi, más los poemas de Linda Hogan, la poetisa
cherokee (también bióloga). Algunos escritos, como los de
Alba Eiragi y Brígido Bogado, entre otros, reafirmaron esa
inspiración con el mismo sentir: “Sin el monte, sin el ambiente
natural, el hombre de cualquier credo, de cualquier raza o
idioma, dejará de ser”.
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