viernes, 1 de abril de 2016

De madres, tetas y ridículas prohibiciones


De madres, tetas, bebés y ridículas prohibiciones

                              (Publicado en La Nación, en 2014)



Cuenta una leyenda urbana que un amigo de mi familia, buen padre y muy buen hijo, tomó la teta hasta primer grado. Su madre, doña D., caminaba todos los días hasta la escuela donde asistía su querido hijo para alcanzar la hora del recreo, sentarse en una silla en algún lugar del patio y sacar púdicamente su atributo alimentario para que su vástago, paradito a su lado, tome su porción diaria.
Acostumbrados a dicho menester, los compañeritos de nuestro héroe iban a la cantina a comprar pipoca o Boquerón, mientras lo esperaban para jugar el resto del recreo. Por aquellos tiempos a nadie escandalizaba que una madre diera de mamar a su hijo a la vista del que quisiera mirar, y nadie se rasgaba las vestiduras porque un bebé succionara su mamadera natural a la vista de extraños o familiares.
Por regla natural, la mujer que da de mamar es sagrada, no molesta ni provoca con ese gesto y no se convierte en objeto sexual de nadie. Una madre es una madre, aquí y en Sebastopol, y realiza un acto de amor milenario, ancestral, que nació con la misma humanidad
La anécdota se remonta a alrededor de cuarenta y cinco años atrás cuando las madres estiraban todo el tiempo posible la etapa de amamantamiento de los niños, conocedoras de lo saludable que era (es) la leche materna para el buen crecimiento de los bebés. Nuestro amigo que ya por entonces había dejado de ser pequeñito, siguió tomando su leche sin problemas, hasta finalizar el año escolar. Me consta que creció sano y fuerte, y tiene con su madre, ya anciana, un lazo afectivo maravilloso.
Durante bastante tiempo se pretendió que la leche maternizada podría ser un sustituto igual de efectivo que la leche natural, pero se comprobó científicamente que no es así. Con muchas campañas de por medio, la lactancia materna volvió a ubicarse en el sitial de importancia que estuvo en el pasado, y en la actualidad hasta las estrellas de cine eligen amamantar a sus bebés, incluso en los sets de filmación, las veces que su hijo lo requiera.
En nuestro país, a estas campañas se han sumado desde el propio Ministerio de Salud Pública hasta importantes organizaciones internacionales de protección a la infancia como Unicef. Pero de contramano con estas importantes y saludables recomendaciones, días atrás algunos coquetos centros comerciales han invitado a cubrir sus castos senos a varias madres, porque lo hacían en público; otros, incluso, invitaron a abandonar las instalaciones de determinado lujoso shopping argumentando que está prohibido dicho acto de enorme entrega. En lugar de aplaudir a la mujer que se brinda a su hijo sin miedo a las estrías o la flacidez se la humilla y maltrata.
Paraguay no es pionero en esta argelería, leí que en otros países ya ocurrieron hechos parecidos en espacios públicos y centros comerciales, pero al igual que aquí despertó el repudio generalizado, porque se trata de una medida absurda que puede surgir solo de mentes retorcidas. El niño, ciudadano desde la cuna, tiene derecho a una alimentación natural donde sea que se encuentre cuando sienta apetito: ya sea en el mercado, en la calle, en el trabajo de su madre o en el más lujoso y chic lugar de compras.
Existen seres que comenten verdaderos delitos y esos sí deberían ser invitados a abandonar determinados lugares. Hay personas impúdicas al extremo, en todos los sentidos. Pero éstos se pasean erguidos sin que nadie los señale con el dedo.

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